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16.8.12

Cárcel y cultura

Esta nota se publicó ayer en la sección La Ventana de Página/12, la compartimos.

Por Roberto Samar *
La cárcel como lugar de castigo es una idea que tiende a ser naturalizada desde los discursos que consumimos en los medios masivos de comunicación. Asimismo, en el imaginario colectivo lejos está la idea de pensar la detención como un espacio de consolidación de derechos.

Esto queda en evidencia cuando pocos se sensibilizan con las torturas a detenidos en Salta, con el asesinato de un interno en la Unidad Nº 11 de la provincia del Neuquén o cuando cuelgan del techo a un interno en la Unidad Nº 32 de Florencio Varela. Todos, hechos ocurridos en los últimos meses. Cabe recordar que la Asamblea del Año XIII eliminó todo tipo de castigos y torturas, lo cual fue ratificado luego por la Constitución nacional en su artículo 18, cuando dice expresamente que la cárcel no será para castigo, sino para seguridad de los reos.

Pero mientras la tortura es casi invisibilizada, muchos se indignan al ver al director del Servicio Penitenciario Federal participando de una murga junto a internos.

Ahora bien, ¿qué genera el discurso de la “mano dura”?: Si una persona es detenida durante largos años en una cárcel sobrepoblada, sufre situaciones de tortura y golpizas, y no se le permite tener acceso a sus derechos básicos, casi con seguridad esa persona, cuando salga en libertad, reincidirá, y lo hará en forma más violenta.

Como contrapunto, podemos tomar la experiencia que garantiza el derecho a la educación del Centro Universitario de Devoto. Según estadísticas de la UBA, la tasa de reincidencia normal de los internos que no estudian asciende a más del 30 por ciento. Sin embargo, para los presos que se gradúan en el Centro Universitario de Devoto el porcentaje de reincidencia es de apenas el 6 por ciento.

Como sostiene el Dr. Raúl Zaffaroni, “quien entra a la cárcel semianalfabeto y egresa como ingeniero electrónico, naturalmente que ha subido su nivel de invulnerabilidad y tiene otra autopercepción de sí mismo. No es porque lo hayan ‘arreglado’ como a una artefacto del hogar descompuesto o al que le faltaba una pieza, sino porque le han subido su nivel de invulnerabilidad quitándole el estereotipo introyectado”.

Es decir, el objetivo debería ser modificar la autopercepción de la persona. Intentar que se deje de percibir como “un delincuente” y ayudarlo a que se piense desde otra perspectiva. La cultura, el arte, la política, la religión o el vincularse con redes sociales pueden ayudarlo a cambiar la mirada que tenga de sí mismo y del mundo.

Claramente, el discurso que busca ampliar permanentemente las condenas, que asocia a la cárcel con un espacio únicamente de castigo y que piensa a la persona que cometió un delito como enemigo, genera más violencia. Es decir, en lugar de combatirla, la reproduce.

En base a lo expuesto es que, si queremos construir una sociedad más segura, debemos desmantelar el discurso vindicativo y fortalecer imaginarios colectivos que ayuden a consolidar derechos en los espacios de detención, lo cual redundará en mayor seguridad.

* Licenciado en Comunicación Social. Docente de Filosofía Política Moderna UNLZ.

Algunas notas de El Bazar relacionadas.
- Escapando de los prejuicios de los medios: Camilo Blajaquis.
- Lunas cautivas, la poesía en libertad.
- Rimas de Alto Calibre, la libertad de la música.

24.1.11

Veinte motivos para leer a Oliverio Girondo


Cinco por la negativa: las carencias

Uno. No saber quién es. Es el mejor motivo y el que a él más le hubiera gustado. Enterarse de que es –para muchos– el mejor poeta argentino del siglo XX es un dato que puede despertar al menos la curiosidad, primer paso hacia la posibilidad de tener una aventura; quiero decir: una experiencia que nos cambie la vida. Conocer a Girondo vale la pena precisamente por eso: te deja diferente de cómo te encontró.

Dos. No haberlo leído. Es una suerte, como no haber leído todavía a Pessoa o a Pound. O no haber ido a China o no conocer Africa. Se te abre un mundo desconocido, una puerta. A mí me pasó cuando tenía algo más de veinte, en la segunda mitad de los ‘60, y el Centro Editor lo reeditó en una colección barata y popular. Después encontré la edición de Losada de Persuasión de los días, de 1942, en Fray Mocho. Es lo que más me gusta de él. La tengo todavía.

Tres. No leer poesía en general. Oliverio está especialmente indicado para los prejuiciosos o escaldados por algún contacto negativo con textos poéticos que les provocaron desconcierto/rechazo/alergia/fastidio. Girondo se entiende y se disfruta. No necesita exégetas ni mediadores letrados (que los hay, casi en exceso). Jamás un libro suyo se te cae de la mano. Reconcilia con la poesía.

Cuatro. Estar amargado / estar engrupido. La lectura de Girondo (como la de Drummond de Andrade, por ejemplo) vacuna contra la estupidez de la queja sistemática y/o la autosatisfacción del acomodado en su molde comprado a plazos. Ni la hipocresía ni la autoconmiseración.

Cinco. Querer amasijarse / ser un boludo alegre. Incluso en sus momentos más jodones y festivos, Girondo habla en serio: nunca es solemne; y en los momentos de mayor desesperación –que los tiene– tiene la humildad de admirar el Misterio de lo dado y reconocer el Error, la soberbia pretensión manipuladora de saberes e instituciones (incluso el mismísimo lenguaje). Por eso nunca es patético. Te cura de la soberbia elocuente (regodeo en el sinsentido) y de la ignorante (hacerse el boludo).

Cinco por la positiva: los libros

Seis. Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922) y Calcomanías (1925). Su primer libro, desprejuiciado fundador de la vanguardia argentina de los ‘20, son viñetas, croquis, apuntes tomados al paso de Mar del Plata a Venecia, de Buenos Aires y Río de Janeiro a Venecia. Ahí está el “Exvoto”: “Las chicas de Flores se pasean tomadas de los brazos para transmitirse los estremecimientos, y si alguien las mira en las pupilas, aprietan las piernas del miedo de que el sexo se les caiga en la vereda”. Famoso. El segundo salió en España, con dibujos suyos. “Calle de las sierpes”, Sevilla, 1923: “Cada doscientos cuarenta y siete hombres / trescientos doce curas / y doscientos noventa y tres soldados / pasa una mujer”.

Siete. Espantapájaros (1932). El primero editado en Buenos Aires, y el más perfecto hasta entonces. Dos docenas de breves prosas inolvidables, algunas inquilinas habituales de toda antología: las setenta y dos acciones amorosas del texto 12. “Se miran se presienten se desean / se acarician se besan se desnudan / se respiran se acuestan se olfatean”. Las maravillosas maldiciones del 21: “Que te enamores tan locamente de una caja de hierro que no puedas dejar, ni un momento, de lamerle la cerradura”. Qué bárbaro.

Ocho. Persuasión de los días (1942). Son poemas existenciales, si cabe; la pura intemperie espiritual sin ningún tipo de franela compensatoria. “Dicotomía incruenta”: “Siempre llega mi mano / más tarde que otra mano que se mezcla a la mía / y forman una mano (...) Por eso es muy posible que no acuda a mi entierro / y mientras me riegan de lugares comunes / yo me encuentre en la tumba / vestido de esqueleto / bostezando los tópicos y los llantos fingidos”.

Nueve. Campo nuestro (1946). Ya a fines del ’30 había vuelto –con la crisis, con la guerra, con el desastre europeo– a mirar para adentro, a reflexionar sobre la cuestión nacional: la cultura, la economía, incluso el paisaje. Hay varias versiones, hasta el cincuenta, de sus poemas a la (redescubierta) pampa primordial, vaca madre, plana nada elocuente. Es el Girondo menos conocido y manipulable.

Diez. En la masmédula (1956). Es el final, el salto en el vacío experimental, la ruptura de las palabras y de la sintaxis, la busca absoluta. Es el Girondo que seduce a surrealistas tardíos (Molina) y marca el camino de la puesta en tensión extrema del instrumento que empujará a la larga a algunos de los mejores, como Lamborghini, a sus propios confines. “El puro no”: “El no / el no inóvulo / el no nonato / el noo (...) / el macro no ni polvo / el no más nada todo / el puro no / sin no”. Apaga y vámonos.

Cinco por cuestión de salud

Once. Saber reír. Con Girondo, el humor irrumpe en la poesía argentina como un pedo en misa, un chiste verde en un velorio, un codazo en un desfile. Se da y concede permisos. Del humor ingenioso –que comparte con Ramón Gómez de la Serna, por ejemplo– saltará al humor negro y escatológico. No es un adorno, ni un chiste. Es una manera (la única digna) de mirar el mundo.

Doce. Cagarse en (casi) todo. La irreverencia (“¡Se celebra el adulterio de la Virgen María con la Paloma Sacra!”, de “Verona”) y la provocación iconoclasta que picotea los bordes de los tabúes con ingenio y desparpajo tienen una violencia corrosiva inusitada. Espantapájaros, por ejemplo, no es sólo una provocación sino un libro memorable, único para su época y para nuestra cultura.

Trece. Saber enojarse. Girondo no es un ruidoso payaso oportunista íntimamente integrado sino un observador feroz de la sociedad y las costumbres perversas de su tiempo. “Lo que esperamos”: “Yo sé que todavía / los émbolos / la usura / el sudor / las bobinas / seguirán produciendo / al por mayor / en serie / iniquidad / ayuno / rencor / desesperanza / para que las lombrices con huecos portasenos / las vacas de embajada / los viejos paquidermos de esfínteres crinudos / se sacien de adulterios / de hastío / de diamantes / de caviar / de remedios”.

Catorce. Celebrar la vida. Porque a la hora de reconciliarse con el mundo, ya despojado del “miasma” del comercio humano, a contrapelo de una “civilización” descaminada, Girondo descubre –y sabe revelar para nosotros– el soberano estupor ante lo natural visto con mirada adánica. “Inagotable asombro”: “Este perro / este perro / ¡Indescriptible! / ¡Unico! / (...) Cotidiano, inaudito / que demuestra el milagro / que me acerca al Misterio / que dan ganas de hincarse / de romper una silla”.

Quince. Angustiarse en serio. Pocas veces en la poesía contemporánea –en la latinoamericana, sólo en Vallejo– la expresión de la angustia ante las cuestiones de sentido que atraviesan al poeta en vida y muerte, alcanza la radicalidad –sin clichés ni recetas verbales o existenciales– del último Girondo. En la masmédula es, como sucede con un solo de Parker, un gesto definitivo e irreductible.

Y cinco porque sí

Dieciséis. El nombre que le pusieron. Llamarse así no suele ser gratis. Qué hace alguien que se llama así. Y de chiquito. Hay que bancársela. Creo que en su caso fue un estímulo: debió estar a la altura, con ese nombre de payaso, equilibrista o político radical al estilo Crisólogo Larralde. Toda su obra es un comentario, una prolongada digresión tragicómica a partir de su nombre.

Diecisiete. La cara que tenía. También tuvo que hacer algo con la cara, remontarla. En eso, como Macedonio (otro que vino con un plus nominativo), ganó cara y equívoca venerabilidad con el tiempo. Era de ojos saltones, dientudo y con mentón fugitivo: las caricaturas de la época son alevosas. La barba lo disfrazó, pero operando al revés de las caretas: lo puso grave, reservando la gracia y la ironía para los ojos.

Dieciocho. Las cosas que hacía. Las jodas famosas, la prolongada estudiantina, su espíritu juguetón, iconoclasta. El memorable lanzamiento por calle Florida, en coche fúnebre, de Espantapájaros, con el muñeco de la tapa, dibujado por Bonomi, convertido en escultura de papel maché, y con chicas vendiendo el libro.

Diecinueve. La mujer con la que se casó. Un hombre también se justifica/explica por las mujeres que amó y lo amaron. Oliverio conoció a la brillante colorada Norah Lange en 1926 y se casaron en el ‘43. Fue su mujer, su amiga, su cómplice talentosa. La oradora de banquetes que supo reunir en Estimados congéneres, la memoriosa de Cuadernos de infancia, la novelista de Personas en la sala.

Veinte. Las fechas del almanaque. Acaso sea un pretexto que hoy, 24 de enero, se cumplan 44 años de la muerte de Oliverio, en el verano de 1967. Norah lo sobrevivió sólo cinco más. El otro pretexto que nos da el almanaque para leer a Girondo es que este año, el 17 de agosto, se cumplen 120 de su nacimiento en 1891. A ver si nos acordamos.

Fuente Página/12 24 de enero de 2011

2.4.10

Papel picado, prensa canalla

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la canallada de Malvinas.

¿Hay alguno de estos presos?

4.11.08

Fuck Dolar, hoy más que nunca

(publicado hoy en la contratapa de Crítica, escrita por Washington Cucurto)



Mirá principito verde, manoseado de mierda,paspado de cuarta, figurín difusor de la cara de George Washington; amigo de Clinton y de Bush, sos lo peor. Me tenés podrido con tus subibajas. ¿Aquién le ganaste, salame? Te creés que sos Roberto Carlos para subir y bajar cuando se te cante el orto. Ya sé que lo hacés para meterles miedo a los maricones de la General Motors que, ante cada subida tuya mandan telegramas a lo loco. Movés un dedo y ya comienzan a echar gente, ya hablan de recesión y todas esas estupideces. Dólar de mierda habría que prohibirte por despertar las especulaciones y los peores sentimientos en las personas. Guacho, ayer fui a comprar un mendicrim con un paquete de cerealistas para mis hijos y pagué un peso más caro por culpa tuya. La cajera del Eki Descuento me dijo: ¡yqué querés, negro, no viste que el dólar hoy subió un punto! Un punto, un tiro, te pegaría en la cabeza, guacho de mierda, por aumentarme el mendicrim y la leche. Ayer en Lavalle me paró un arbolito y me dijo: tengo los dólares más baratos, negrito, aprovechá que se agotan. Te lo dejo a tres con veinte. Y yo le dije, tengo unos pesos de fabricación nacional, nuevitos, te los dejo a 2 dólares. Y te hago precio porque sos vos… El arbolito salió rajando, pensó que estaba loco. Pero el loco era él, si pensaba que le iba a comprar un billete tan feo y extranjero a más guita que la moneda nacional. Seré bestia pero no me voy de vacaciones a Brasil para necesitar dólares o reales. Te lo digo en la jeta, guacho: no me importás, aunque trepés a 100 pesos no te voy a aceptar nunca, ni siquiera para pagar las expensas. Cuando paso los lunes a la mañana por Corrientes y veo las casas de cambio y tu presencia, tu figura hecha números en las tabletas electrónicas me dan unas ganas de prenderte fuego, de volverte plata quemada, como hacen en el libro de Piglia. Y los bolsillos se me hacen agua, prefiero coleccionar moneditas nacionales de 25 centavos a tenerte entre mis manos, en mi billetera proleta junto a la foto de mis hijos y la tarjeta de Rodolfo Edwards, poeta. Rajá de acá, turrito, volvete a Brooklyn. Andá con Sarkozy y su horrenda mujer bella. No te das cuenta que acá nadie te da bola.

30.10.08

Boludo, pelotudo, necio y cínico

(Escrito por Carlos D. Pérez, Psicoanalista, publicado hoy en Página/12 buscate en que categoria estás)

Me he permitido distinguir una secuencia tipológica de categorías que solemos mezclar sin rigor. Cuatro palabras, cuatro perfiles, cuatro riesgos, cuatro desafíos.

Boludo
En un mundo donde, por poner un número, a partir de los tres años de edad no hay inocencia, el boludo es una excepción. Le han crecido, aunque ignora para qué; absorto en su rigurosa idiotez, ve sin mirar las venturas y desventuras que lo circundan.
El apelativo suele emplearse como insulto, pero el boludo nos produce una secreta envidia, porque nos sabemos no inocentes y nos gustaría serlo. Por esta razón a veces le adosamos un especial calificativo, cuando decimos de alguien que es un “boludo alegre”. Y no es cierto, no es alegre, porque en la carrera de los boludos se distrae escarbándose el ombligo y, por boludo, no gana. También hay sabios que lo hacen y abandonan carreras, pero a sabiendas. ¡Freud mío, esto de la boludez, que parecía tan simple, se me está complicando! Lo soluciono de modo lacónico: el boludo no puede ser feliz porque ignora la felicidad; no me pregunten por qué, no podría responder, no trato de hablar de esa esquiva sensación. El goce del idiota me es ajeno como a cualquier no boludo, a menos que... Cuando los boludos tomen la palabra quizá podamos enterarnos de algo más, pero entonces serán tan vulgares como cualquiera de nosotros.
Sucede que asociamos a esa condición la idea de felicidad paradisíaca, formados como estamos por la Biblia, ya que el boludo alegre por antonomasia fue Adán, antes de que Eva apareciera en su horizonte y, con ella, la conciencia dilemática del ser sexuados. Y al perder la inocencia también perdieron el Paraíso. Cuando la vida nos pesa, añoramos esa antelación. Lo supo el político más hábil que tuvo la humanidad: poniendo del revés la secuencia ante la masa de acólitos, colocando el Paraíso como afortunado destino, dicen que dijo en un sermón: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”.


Pelotudo
Reducido a una frase, sería como decirle a alguien: “No te hagas el boludo, ¡pelotudo!”. Roberto Fontanarrosa, en célebre intervención en un Congreso de la Lengua, distinguió en “pelotudo” un énfasis especial; para continuar la línea fontanarroseana, agrego que “boludo” carece de énfasis. El pelotudo no tiene derecho a la ignorancia, estratagema a veces hábil que este personaje esgrime como salvoconducto.
Al decirse aquello de “sólo sé que nada sé y por eso algo sé, que nada sé”, Sócrates instaló el dispositivo de su filosofía, y cuando en un destello de lucidez alguien exclama ¡pero si soy un pelotudo!, instantáneamente se vuelve filósofo, y si no lo hace por sus propios medios debiera agradecer a quien ejerza la mayéutica socrática desenmascarando su pelotudez. Por algo se empieza; aquel griego nos enseñó que es el modo de empezar.

Necio
El necio, en cambio, es un obcecado con su pelotudez. Incapaz de conciencia socrática, convierte la banalidad en creencia y declama pelotudeces como verdades consagradas, a riesgo de cometer estragos. Mientras el pelotudo es inofensivo, el necio ofende, pero si le discutimos corremos el riesgo de colocarnos en posición simétrica, ventilando secretas necedades; en esto encuentro la inteligencia del refrán que contrapone oídos sordos a palabras necias.
Cuando la convicción del necio adquiere mayor relevancia, desemboca en el fanatismo. Fanático es quien, enarbolando como cualidad su propia limitación, apunta a la militancia social. La necedad es personal, el fanatismo ama lo masivo. Hitler, con su creencia fanática en la superioridad de la raza aria, fue un necio que congregó multitudes. Porque el necio libra con unción su guerra individual, pero llegado al fanatismo se embandera con su “causa” e incita con sus argumentos. No sé si el necio, sobre todo el fanático, muere por su bandera, pero es capaz de matar por ella.

Cínico
A diferencia del necio, el cínico es hábil; eso lo convierte en adversario difícil. Sin ignorar las limitaciones de su posición pero diestro en retórica, su meta es convertirnos en necios. Si el necio suele provocar ese efecto de modo involuntario, para el cínico es deliberado; no hay cínico sin un coro de necios, su estrategia los necesita. Muchos de los “comunicadores sociales”, ni qué decir los políticos, son cínicos que cultivan la necedad de sus seguidores. Y cuando los necios creen estar al comando de una creencia, los cínicos celebran.
¿Podríamos aspirar a una sociedad sin este cuarteto tipológico? Sería la sociedad perfecta, pero es impracticable. Somos humanos y por serlo no estamos exentos de lo antedicho, aunque tampoco estamos impedidos de advertir que día a día nos movemos entre una caterva de boludos, pelotudos, necios y cínicos, a menudo como uno más del conjunto; entonces nos despabila un tiempo de despertar y nos preguntamos: “Pero, entonces, ¿qué soy?”. No es poca cosa esa pregunta que los boludos ignoran, los pelotudos resisten, los necios niegan, los cínicos gambetean.

10.10.08

Zaffaroni y los tóxicos

“Soy un consumidor de tóxicos –inició su discurso Raúl Zaffaroni, mientras en el público se detectaban gestos de sorpresa–. Tomo vino, pero tomo cada tanto. Algunos abusan y se emborrachan. Pero hay otros que toman y se hacen dependientes. En esos casos es que el ámbito del alcohol se vuelve criminógeno y parece tener una incidencia bastante alta en el homicidio en algunas provincias. Para controlarlo, entonces, aparece la idea ‘¿y si lo prohibimos?’, suponiendo que de esa forma se opera la desaparición. Pero en lugar de eso, lo que ocurre es que se eleva el precio y al mismo tiempo se lo priva del control de calidad. Es el momento de la Ley Seca. Y se produce una división por capacidad económica. Hay quien puede comprar un mejor tóxico, digamos que puede pagar que le traigan de contrabando un whisky importado, y hay otro que no puede pagar y compra alcohol metílico y se queda ciego. Lo que hizo la prohibición entonces fue elevar el precio, dividir por clases sociales, impedir el control de calidad, generar las industrias ilícitas y los servicios de distribución ilícitos. El proteccionismo estatal interviene pero para terminar favoreciendo a la empresa ilícita más poderosa, que es la que sobrevive.”
(Publicado en Página/12 hoy. Para leer la nota completa clickeá aca)

6.10.08

Dale una mano a Capusotto


Este domingo la revista C de Critica publicó una nota a Diego Capusotto hecha por otro grande Enrique Symns, este es un extracto (se puede leer completa descargandola de la página de Critica)

La masturbación es espléndida, es una sexualidad en sí misma. Y no la veo como un recurso que se utiliza ante la ausencia de otro. Al contrario, puede ser muy peligrosa y hasta impedirte o aralizarte en los encuentros con otro. A mí no me ha pasado de sentir intensidad sexual solo conmigo mismo y mis proyecciones imaginarias. Hay que admitir que la mayor virtud de la paja es su capacidad creativa. Construye escenas que no suelen sucederte en la vida sexual compartida. Muy cada tanto, si hay suerte, te pueden llegar asuceder en algún encuentro. Pero no es lo habitual. Yo nunca abandoné la masturbación. Al contrario. En alguna oportunidad he sentido una especie de culpa, una sensación de que no hay épica. Terminás y te decís: “Puta, yo tendría que haber estado con una mina”
—Que te masturbes y tu mujer lo sepa, ¿no afecta la relación?
—No, para nada. Yo cada tanto sigo armando mis escenas. Ella sabe todo lo mío. Jamás me ha dicho “che, me parece que tenemos que hablar de algo”. La masturbación forma parte del
paisaje natural de la sexualidad. Lo que pasó es que siempre estuvo asociada socialmente con la culpa y la debilidad. Toda la sexualidad está atravesada por los prejuicios. Hay tipos que
si la mina le mete un dedo en el culo se ponen mal porque creen que eso es de putos. Bajo el machismo asumido siempre se esconde un miedo a la homosexualidad reprimida. Hay
prácticas que hoy en día están valorizadas pero que también estuvieron sospechadas. El sexo oral es un ejemplo. Realizarlo es un acto de generosidad sin límites.

4.9.08

Papel Picado: Soy y me hago

Soy y me hago

(Publicado hoy en Página/12 una muy divertida cronica de las nuevas tribus urbanas. Autores Roque Casciero, Javier Aguirre y Luis Paz. Curiosidad: en la edicion impresa estaba la tribu reggae en la web no ¿censura?)

Según la Real Academia Española, las tribus urbanas son “grupo grande de personas con alguna característica común, especialmente las pandillas juveniles violentas”. Bastante alejado de la realidad, por cierto. Por ello, el NO les saca la ficha a las nuevas costumbres juveniles que aglomeran las ciudades y el ciberespacio. Y un apartado sobre el estado de las tribus ya “clásicas”, retratadas por este suplemento hace ocho años. Para la RAE que lo mira por la web.

FLOGGER
Sienta un precedente que lleva al límite el concepto tradicional de “tribu joven urbana”, ya que no se identifica con un género musical determinado sino con un soporte tecnológico determinado: el fotolog, y por extensión, con otros formatos de personalización de espacios gratuitos en Internet. Representa “el sueño de la comunidad virtual propia”, o sea, el logro de que las preferencias de perfil del dueño del flog sean lo suficientemente atractivas como para atraer usuarios con los más osados nicknames. Para la mirada mediática representa, junto a los emo, una suerte de superclásico de las tribus del nuevo milenio.

GPS Abasto Shopping, flor mecánica de Avenida del Libertador, Ku matinée, Pinar de Rocha matinée (antes del asesinato de la stripper).

Look Andrógino, chupines de los colores del arco iris, remeras de profundísimos escotes en v, zapatillas deportivas o All Stars, planchita.

Ritos Pasito flogger con celular al oído. Y, claro, fotografiarse.

Status En función a la propiedad de un fotolog gold, la cantidad de reverses y de firmas.

Frases “Foto, foto, foto”, “Pasate”, “Firmá cinco veces y agregame a F/F’s y te devuelvo la firma”.

Gurúes Cumbio, Gazabril.

Playlist Relax, Take it Easy (Mika), Pijamas (Babasónicos).

Keywords Ahrre, foti, blackies, gold, reverse, Abasto.

Mito urbano Cuando dos floggers deciden conocerse personalmente, se supone que “salieron del closet”, o bien que “salieron del servidor de Internet”.

EMO
Aunque su ascenso mediático va de la mano del de los floggers, para el imaginario general constituye la punta de lanza de las nuevas tribus. En parte, debido a su asociación directa con un estado de ánimo claro; el “bajón nostálgico-melancólico-resignado-maquillado”, según la definición técnica diagnosticada por el Gabinete de Psicólogos Sociales Recién Recibidos del NO. Pero, fundamentalmente, por su look cuidado e ideal para la fisonomía de la Galería Bond Street y alrededores. Ya cuenta entre sus filas con una celebridad: el paródico personaje Emo Morales, acuñado en Peter Capusotto y sus videos.

GPS Cementerio de la Recoleta, Shopping Caballito, Abasto Shopping, Palacio Pizzurno. Los emos no bailan, señora, no tienen nada que celebrar.

Look Asexuado, mezcla de neogótico y hardcore melódico, alisado permanente, piercings, delineador y ketchup para emular sangre en las fotos.

Ritos Básicamente, padecer y emocionarse. Para el resto de las cosas no les quedan ganas.

Status Cuanto más cara de sufrido tengas, mejor (el efecto se logra con un buen alisado de pelo y los ojos delineados).

Frases “¡Uh, qué mal!”.

Gurúes Jared Leto, Gerard Way.

Playlist Welcome to the Black Parade (My Chemical Romance), A Beautiful Lie (30 Seconds to Mars).

Keywords Planchita, negro, make-up.

Mito urbano Cuando un emo experimenta por primera vez reírse a carcajadas, ya no hay vuelta atrás.


HIP-HOPPER
Usa un spanglish cuya mitad “span” tiene más que ver con la jerga caribeña que con la del GBA. Desde 1990 que promete ser “la próxima gran cosa” y sueña con “una escena hip-hop que sea potencia en la Argentina, putos”. Sin embargo, al cierre de esta edición, sigue conformando un circuito cerrado, acaso debido los problemas propios de la adaptación local de códigos foráneos: si a la distancia un morocho gangsta neoyorquino puede resultar cool, no ocurre lo mismo con un morocho gangster de la Policía Bonaerense.

GPS Ramos Mejía, San Justo, alrededores del hospital Gutiérrez.

Look Sacado de La magia de la NBA.

Ritos Graffiti, break-dance, free-style, riñas de gallos, pinchar (discos, claro).

Status Cuanto más tiempo puedas rimar sin repetir una palabra, más rispecta te manifiestan, ¿entiendes lo que digo?

Frases “In your face”, “Representando”.

Gurúes Eminem, 50 Cent, miembros de la segunda generación de la familia Spinetta.

Playlist (Iluminate).

Keywords Llantas, Nike, visera, Bronx.

Mito urbano Snoop Dogg tardó en salir a tocar en el Personal Fest porque se estaba drogando con dos groupies armadas.


REGGAETONERO
Sensible a las tendencias regionales, acaso conforma una de las primeras avanzadas tribales para-rockeras no nacidas a partir de una escena anglosajona sino latinoamericana, la del reggaetón. Su fraseo y su ritmo, que parecen un pacto entre la cumbia y el hip hop, le asignó una significación especial y popular para los oídos del joven argentino. Esto también es Caribe, papi.

GPS Bailantas, bares y fondas.

Look Ellos, a mitad de camino entre MCs del Bronx y el que te enseñó a bailar salsa en el cumpleaños de 15 de tu prima. Ellas, calzas bien justas (y necesarias), remeras que dejen la panza al aire y camperas o chalecos con gorro forrado en piel. Sintética, claro.

Ritos Darle duro al culeo, arrancar el suelo con la batidora y pressear (¡vaya uno a saber qué será!).

Status En función a qué tan metida tengas la calza o a qué tan “chulo” puedas parecer.

Frases “Yo soy tu gatita”.

Gurúes Don Omar, Daddy Yankee.

Playlist Todo Calle 13, mami.

Keywords Yumber, perreo, gasolina.

Mito urbano Un reggaetonero escuchaba a Don Omar en el colectivo en hora pico y empezó a perrear. Fue convenientemente ajusticiado, por lo que hoy se lo recuerda como el primer mártir del reggaetón argentino.


INDIE CABEZA
Fuerte el aplauso para un inequívoco triunfo del mestizaje genético intertribal de los ‘90. Con el low-fi como dogma y el ruido a distorsión mal ecualizada como pulso cardíaco, aparece como una combinación entre los rezagos del rock chabón (en especial, de sus corrientes más abiertas y menos reacias al refinamiento) con el coraje estético del rock alternativo (en especial, de sus corrientes más reacias al refinamiento).

GPS La Plata, sur del conurbano (Grooveland, El Tío Bizarro) y festivales emergentes.

Look De encargado de cíber (es top el sweater con campera deportiva arriba).

Ritos Fútbol 5, ensayo y panchería.

Status Sos más grosso cuantos más discos grabaste en el estudio de Shaman.

Frases “¡Santaolalla es un ladrón!”.

Gurúes Pavement, Guided by Voices, Neu! y The Kinks.

Playlist Amigo piedra (El Mató A Un Policía Motorizado), Verano fatal (Prietto Viaja Al Cosmos con Mariano).

Keywords Almada, low-fi, MySpace.

Mito urbano El indie cabeza puede ser el eslabón perdido que unifique para siempre –cual mesías del MP3– las castas rockeras.


INDIE SENSIBLE
Siguen el ejemplo de los nuevos solistas, sin ego avasallante, ni pasión desmedida por la higiene personal. Sus referentes son huraños, meticulosos, poéticos, e impulsan la inserción de cierta transversalidad sexual en la cultura de guitarra criolla y fogón. Rústicos y a la vez refinados, apelan a que la sofisticación va por dentro.

GPS Palermo, ciclo Nuevo!, ND/Ateneo, Compass.

Look Neo queer, sensibilidad pop de barba y shorts de fútbol.

Ritos Verificar que en la biblioteca no se mezclen el suplemento Soy y el NME.

Status Es proporcional a la cantidad de minas que le hayan dicho “yo te quiero como amigo”.

Frases “Estoy hecho una vaca”, “¿Cuánto falta para que empiece el Bafici?”.

Gurúes Gabo Ferro, Coiffeur.

Playlist Cine y libros (Franny Glass).

Keywords Acústica, DVDs.

Mito urbano Son herederos post-punk de Juan Carlos Baglietto.


NEO GLAM
Experimenta un reverdecer (porteño) en el nuevo milenio acaso merced a cierta búsqueda de diferenciación con los cánones estéticos impuestos durante los 15 años de hegemonía del rock chabón. Su fidelidad a un modelo tribal multinacional, clásico y con décadas de historia lo vuelve un espacio no siempre tentador para adolescentes.

GPS Glamnation Party, shows de El Club de Marilyn.

Look Todo lo que hay en el fondo del placard de tu tía abuela hoy te sirve. Especialmente si es fucsia o con estampado de leopardo.

Ritos Delinearse. Y volver a delinearse después del pogo.

Status Proporcional al largo de la boa de plumas que te claves encima.

Frases “¡Mirá qué buena perra! ¿Qué maquillaje usará?”

Gurúes Tommy Lee, Poison, ¿Moderatto?

Playlist Pills (New York Dolls), Girls, Girls, Girls (Mötley Crüe).

Keywords Purpurina, lipstick, rímel.

Mito urbano Charly García inventó a los New York Dolls.


ELECTROPOPERO
Ante el vuelco a lo carnal que en el último lustro tomó la escena rocker, aúna en sus filas a los remanentes de ravers, technócratas, fiesteros, electrorrockers y anglopoperos. El buen feeling con la tecnología lo emparienta con el flogger, aunque con una diferencia clave: al electropopero sí le gusta la música.

GPS Peluquería Prana y fiestas: Plop!, Eyeliner, Divas & Divos y Ambar La Fox.

Look Mucho chaleco, mucha gafa, mucho led y mucha brillantina. Mucho, ¿no?

Ritos Ir al gimnasio, tomar té verde.

Status Cuantas menos octavas tenga tu teclado, mejor.

Frases “Me hice traer de Italia un vocoder que no sabés cómo paga”.

Gurúes Putilatex, Dani Umpi y Virginnia.

Playlist El extraño viaje (Fangoria).

Keywords Synte, gay friendly, MIDI.

Mito urbano En la redacción del NO hay uno que conoce a otro que tiene un amigo electropopero. Posta.

13.8.08

Papel Picado: La impunidad psiquiatrica


El comandante Enrique Symns ha vuelto a escribir. Hoy en la contratapa del diario Critica publicó esto que se salva de todas las palabras.

A partir de los sucesos trágicos de los denominados “balcones asesinos”, que involucraron de distinta manera a Alberto Olmedo y a Carlos Monzón con el abuso de cocaína, el consumo de esa sustancia recibió un espaldarazo publicitario que borró de un plumazo y para siempre su invisibilidad. El periodismo terrorista se encargó de convertir a los consumidores en depravados peligrosos o en víctimas de una enfermedad mortal. Esas campañas nunca pudieron expresarse en estadísticas. Nadie muere por el consumo de cocaína a través de la nariz. Es más, fue Luca Prodan quien cierta vez me definió la peor cualidad de la merca: “La heroína por lo menos te mata –me dijo–; la cocaína te acompaña hasta la muerte”. Posteriormente, desde el escenario de la fama hubo dos personajes célebres que encarnaron de diferente manera al personaje del consumidor.
Diego Maradona, desde que fue atrapado en una redada consumiendo cocaína, encarnó reiteradas veces al arrepentido y asumió el rol del enfermo en cuanta oportunidad tuvo. Charly García, por el contrario, hizo pública su adicción y nunca asumió el rol de adicto haciéndose cargo de su elección disidente. Llegó a declarar en un recital: “Muchachos, dejen las drogas, déjenmelas todas a mí”.
La primera vez, hace más de una década, que Charly García fue encerrado en un chaleco de fuerza y conducido al manicomio, fue por orden expresa de su propia madre. A partir de ese suceso, Charly al referirse a ella decía: “Es la madre de mi hermana.” Pero en los últimos años fueron aumentando sus maratones de consumo involucrándose en situaciones cada vez más violentas y casi delictivas facilitando de esa manera el acoso institucional que finalmente lo convirtió en su prisionero.
Hace unos días fue su hijo (que siente un sospechoso cariño por el padre) quien declaró: “Por mi papá soy capaz de convertirme en bombero”, insinuando sin percatarse que los fuegos de su padre deberían ser extinguidos.
Igualmente, más allá de los desmanes y atropellos que suele producir, cuando por la televisión escucho a los psiquiatras que hablan de Charly, transformándolo simplemente en un “paciente”, no puedo evitar un gesto de repugnancia intelectual ante ese avasallamiento degradante que significa siempre la internación hospitalaria. Una herencia bastante abominable que los estados pastoriles impusieron en algunas comunidades occidentales consiste en la creencia hoy bastante afianzada de que el Estado debe hacerse cargo de la salud de sus habitantes imponiéndoles prohibiciones respecto al consumo de ciertas sustancias e incluso castigando con reclusión las conductas extremas.
Hoy resulta inadmisible aceptar el diagnóstico que la psiquiatría realizó sobre la peligrosidad de Antonín Artaud, una de las mentes más brillantes y complejas del surrealismo, para encerrarlo en un manicomio.
La gnoseografía psiquiátrica –además de pornográfica en su descripción de los estados alterados de la conciencia– desnuda en el proceder institucional su vocación profundamente policial y represiva. Hace unos meses, un famoso rocker anunció: “Volvió la cocaína”, refiriéndose efectivamente a un resurgimiento de la utilización del polvillo entre los habitantes del salón VIP del rock, el teatro y el periodismo. En la calle, tal retorno resulta imposible ya que se mantiene el precio internacional de 20 dólares el gramo (60 pesos) y resulta prohibitivo para las masas.
Mejor no saber qué es lo que consume la gente cuando a las tres de la mañana compra
un papelillo a 20 pesos.
En cuanto a la peligrosidad del abuso de cocaína, éste puede resumirse en dos declaraciones. Un famoso actor de Hollywood, al que le comentaron la adicción que generaba el consumo, respondió asombrado: “¿Adicción? De qué me hablás, hace 18 años que la consumo y nunca sentí tal cosa”. Mejor es la respuesta de Antonio Escohotado: “Yo no tomo cocaína. Soy como un tiburón, necesito estar siempre en movimiento y la cocaína es como la televisión”.

1.8.08

Papel picado lo que queda de los medios: homosexualidad es igual a pedofilia

Esta nota firmada por Liliana Viola apareció hoy en el suple Soy de Página/12 sobre la costumbre de los medios de asociar pedofilia con homosexualidad. Le dedico este post a mi amigo Caio que cuando compra Pagina los viernes lo primero que hace es tirar este suplemento a la basura, sin mirarlo siquiera, no sea cosa que lo convierta. Y se pierde entonces algunas notas como esta.

Pedofilia & homosexualidad ¿Hasta cuándo de la mano?

A partir del escándalo Corsi, diversos medios presentaron la noticia del abuso sexual como el accionar de “una banda que iniciaba a los niños en la homosexualidad”

Cuando un padre, un tío, un profesor, un cualquiera, abusa sexualmente de una niña, los calificativos van desde la interjección espantada hasta los motes de delincuencia o psicopatía. Pero a nadie se le cruza por la cabeza decir que el abusador de turno “iniciaba a la niña en la heterosexualidad”. A nadie se le ocurre dictaminar que si esa niña en el futuro disfruta del sexo con hombres, se lo deberá al señor que abusó de ella. Si más adelante la niña es “demasiado femenina”, coqueta y hasta “provocativa”, no se le reconocerá a este señor el hecho de haberla iniciado en el estereotipo de la feminidad. Sería un disparate. Un insulto a la inteligencia y al dolor. Sería poner en el banquillo de los acusados a una sexualidad entera (la heterosexual) en el lugar que debía ocupar el sujeto con nombre y apellido, desdibujado ahora tras una secta satánica y caliente.
Sin embargo, cuando un padre, un tío, un profesor, un psicólogo especialista en abuso sexual infantil, Jorge Corsi, utiliza su espacio de poder para abusar de niños hasta el punto de comandar una banda de mafiosos sexuales, nadie duda en afirmar que dicho señor y su banda “iniciaban a los menores en la homosexualidad”. ¿No hace ruido esta última frase? Porque es exactamente el mismo disparate. Un insulto a la inteligencia y al dolor. Y sobre todo a la posibilidad de encarar sincera y seriamente la prevención de estas situaciones. El abuso, visto así, no es tan abuso, el espanto se ha corrido de lugar. La homosexualidad aparece de golpe criminalizada en el lugar del tipo que abusa. Corsi, según esta perspectiva, representa a uno de los tantos vampiros de una sexualidad desaforada. Y la víctima en parte deja de serlo, porque en el fondo, le gustó, le gustará, seguirá reclutando nuevos putos.
En programas y artículos varios se ha repetido en los últimos días esa premisa de que los abusadores suelen estar en el pequeño círculo familiar y de amigos, el abusador se camufla. Habrá que buscar en el lenguaje cotidiano también este camuflaje que en un punto se regodea en señalar culpables inocentes.
Corsi no es un homosexual ni un heterosexual, en este caso puntual que lo ha convertido en protagonista. Sería un abusador, un impostor. Agreguen lectorxs, todas las interjecciones de espanto o la inteligencia que falta para cerrar el caso. Así como tampoco es un heterosexual el violador de niñas, ni un gran macho argentino, ni el prototipo de Don Juan o Latin lover.
El tema es el abuso sexual. Y en el caso del psicólogo especializado que abusa de niños reclutándolos en cibers donde se suele mirar pornografía, pone en evidencia, entre otras cosas, el lugar desvalido de la niñez. El cuento de Caperucita no es más macabro que la realidad. Tal vez haya que cambiar las preguntas —y ya no insistir con “qué grandes ojos tienes” y otras pavadas— para no tener que actuar como cazadores heroicos pero tardíos, abriendo la panza del lobo cuando es tarde.

24.4.08

Leyendo diarios, Crónicas sobre nuevos escritores.

Entre lineas, así titula Pagina/12 la crónica de las nuevas generación de escritores herederos del rock, amantes de la lectura en publico y profundamente devotos de la cultura tecnológica. La nota se puede leer haciendo click acá