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5.7.12

Dejá para mañana




El slogan podría ser una reformulación del refrán "No dejes para mañana lo que se puede hacer hoy". Se trata de a procrastinación (del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), que se define como la postergación o posposición, es la acción o hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes y agradables
Parece ser que se trata de un trastorno del comportamiento que tiene su raíz en la asociación de la acción a realizar con el cambio, el dolor o la incomodidad (estrés). Éste puede ser psicológico (en la forma de ansiedad o frustración), físico (como el que se experimenta durante actos que requieren trabajo fuerte o ejercicio vigoroso) o intelectual. El término se aplica comúnmente al sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente de concluir. El acto que se pospone puede ser percibido como abrumador, desafiante, inquietante, peligroso, difícil, tedioso o aburrido, es decir, estresante, por lo cual se autojustifica posponerlo a un futuro sine die idealizado, en que lo importante es supeditado a lo urgente.
También puede ser un síntoma de algún trastorno psicológico, como depresión o TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad).

Existen tres tipos de procrastinación:
Por evasión, cuando se evita empezar una tarea por miedo al fracaso. Es un problema de autoestima
Por activación, cuando se posterga una tarea hasta que ya no hay más remedio que realizarla. Es un problema contrario al anterior.
Por indecisión, típico de las personas indecisas que intentan realizar la tarea pero se pierden en pensar la mejor manera de hacerlo sin llegar a tomar una decisión.

La procrastinación como síndrome que evade responsabilizarse posponiendo tareas a realizar puede llevar al individuo a refugiarse en actividades ajenas a su cometido. La costumbre de posponer, si bien no se ha demostrado cabalmente, puede generar dependencia de diversos elementos externos, tales como navegar en Internet, leer libros, salir de compras, comer compulsivamente o dejarse absorber en exceso por la rutina laboral, entre otras, como pretexto para evadir alguna responsabilidad, acción o decisión.
Este problema de salud no necesariamente está ligado a la depresión o a la baja autoestima. El perfeccionismo extremo o el miedo al fracaso también son factores para posponer, como por ejemplo al no atender una llamada o una cita donde se espera llegar a una decisión.
Existen dos tipos de individuos que ejecutan esta acción: procrastinadores eventuales y procrastinadores crónicos. Los segundos son los que comúnmente denotan trastornos en los comportamientos antes mencionados.
Algunos autores afirman que existen en la actualidad conductas adictivas que contribuyen a este trastorno de evasión: se refieren, por ejemplo, a las adicciones que, según algunos expertos, existen a la televisión, a la computadora o al sexo, sobre todo a través de Internet. Otros autores afirman que tales adicciones no existen. No obstante, a pesar de que ya hay propuestas de tratamiento para este tipo de problemas conductuales (terapia cognitivo-conductual, sobre todo, que incluye, por ejemplo, la aplicación de opciones en la propia computadora para bloquear voluntariamente el acceso a las páginas de pornografía), se trata de un tema muy nuevo, en el que aún hace falta realizar mucho trabajo de investigación.
Por otra parte, el llamado "síndrome del estudiante" (el hecho de que muchos estudiantes pospongan la entrega de sus trabajos hasta el último minuto del día de la fecha límite) está presente, al parecer, también en otros grupos sociales: en las temporadas en las que se acerca la fecha límite para pagar los impuestos (para presentar las declaraciones mensuales o anuales), las oficinas donde se llevan a cabo esos trámites (los bancos, por ejemplo) se saturan de personas que asisten a realizar ese trámite sólo hasta el último momento. Asimismo, se padece procrastinación al coleccionar muchas opciones, como excusa para no decidirse por alguna acción en concreto.

La procrastinación, en particular, es un problema de autorregulación y de organización del tiempo. Su solución consistiría, entre otras cosas, en lograr una adecuada organización del tiempo, concentrándose en realizar las tareas importantes que tienen un plazo de finalización más cercano. Quien pospone o procrastina una decisión, por no sentirse preparado -esperando que todo se resuelva por sí solo- suele aducir que lo hará después «... en cuanto tenga tiempo», con lo que está presentando, en el fondo, una conducta evasiva.

¿Y vos? ¿Qué dejás para mañana que puedas hacer hoy?

Mientras me contestás te recomiendo esta lectura aunque me digas "Preferiría no hacerlo".

Fuente: Wikipedia

3.2.10

El Bazar está deprimido

La adicción a Internet provocaría depresión


Así lo dice una nota publicada hoy en la Agencia de noticias Telam

De acuerdo con un estudio que vincula dependencia a la red con desórdenes psicológicos, cuanto más tiempo se usa Internet habría menos posibilidades de estar contento y más de sufrir depresión.

La investigación, publicada en "Psychopathology Journal", detecta que plena adicción y clara depresión coinciden, afectando al 1,3 por ciento de los encuestados. Una situación extrema que se da en personas con una media de 21 años.

De todos modos no está claro si un gran uso de Internet genera problemas mentales o más bien ocurre al revés, que las personas con tendencia a la depresión buscan un refugio online.

Según la reponsable del estudio, del Instituto de Ciencias Psicológicas de la Universidad de Leeds, de momento se está ante el clásico dilema de "¿qué fue antes, el huevo o la gallina?".

"Hay una alta correspondencia entre la cantidad de tiempo empleada en internet y niveles de depresión", afirmó Catriona Morrison, "y si se mira cómo de dependiente de Internet se siente la gente se observa una correspodencia con cómo de contentos o tristes se sienten".

"Mientras mucha gente usa internet para pagar recibos, comprar y enviar correos electrónicos, hay una pequeña parte de la población que encuentra difícil controlar el tiempo que gastan online, hasta el punto de que esto interfiere en sus actividades diarias", añadió Morrison.

La investigación, realizada entre personas de 16 a 51 años, encontró que quienes tienen una adicción a Internet presentan una media de depresión cinco veces mayor que los usuarios no adictos.

Los adictos suelen ser jóvenes, con una media de edad de 21 años, que proporcionalmente gastan más tiempo en páginas pornográficas y de juegos y en redes sociales, según el diario ABC.es.

Según Morrison, el estudio "refuerza la especulación sobre si una implicación excesiva en páginas web que sirven para reemplazar las normales funciones sociales puede estar vinculada a desórdenes psicológicos como depresión y adicción".

Algunos expertos expresaron su preocupación sobre la posibilidad de que las redes sociales puedan incentivar pensamientos depresivos en adolescentes vulnerables.