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13.2.14

La rutina de trabajo de Hunter S. Thompson

La vida de Hunter S. Tompson tiene de todo, ha sido uno de los fundadores del Nuevo Periodismo (por lo menos en su versión norteamericana, por que don Rodolfo Walsh llegó primero), redactor estrella de la Rolling Stone y de otras publicaciones, escritor, pero fundamentalmente un tipo cuya existencia se mezcla con la escritura y viceversa.

Podría pensarse que el tipo entonces era un descontrolado en su mecánica de trabajo, pero gracias al sitio Jomofis me entero que el fulano cumplía una severa disciplina laboral pautada por ajustados horarios.

Se las cuento:
3:00 p.m. Despertarse
3:05 Chivas Regal con el diario de la mañana, Dunhills
3:45 Cocaína
3:50 Otro vaso de Chivas, Dunhill
4:05 Primera taza de café, Dunhill
4:15 Cocaína
4:16 Jugo de naranja, Dunhill
4:30 Cocaína
4:54 Cocaína
5:05 Cocaína
5:11 Café, Dunhills
5:30 Agregar más hielo al Chivas
5:45 Cocaína, etc, etc.
6:00 Marihuana
7:05 La taverna Woody Creek para almorzar. Heineken, dos margaritas, ensalada de repollo, un taco salad, una porción doble de anillos de cebolla fritos, carrot cake, helado, porotos fritos, Dunhills, otra Heineken, cocaína y para el regreso a casa un cono de hielo triturado con tres o cuatro jiggers de Chivas.
9:00 Comenzar a tomar cocaína de una manera más fuerte
10:00 ácido
11:00 Chartreuse, cocaína, marihuana
11:30 Cocaína, etc, etc.
12:00 Medianoche, Hunter S. Thompson está listo para escribir
12:05-6:00 a.m. Chartreuse, cocaína, marihuana, Chivas, café, Heineken, “clove cigarettes”, pomelo, Dunhills, jugo de naranja, gin, peliculas XXX en loop.
6:00 Champagne en la bañadera, helado Dove, fettuccine Alfredo
8:00 Halcyon
8:20 Dormir

La rutina está reproducida de una biografía de Thompson escrita por Jean Carroll que está disponible online y quizá les sirva a algún aspirante a escritor, (o quizá solo a un aspirante) aunque no parece garantizar resultados, sobre todo si no se tiene el talento del amigo Hunter.

Además siempre es una buena oportunidad para recomendar Pánico y locura en Las Vegas donde Johnny Deep hace de Hunter Thompson en un viaje del que este fragmento da testimonio


22.7.12

Los diarios de Charles Bukowski (I)

El escritor Charles Bukowski llevó un diario donde dejó registro de su procesos creativos y otros temas. El libro se llamó El capitán ha salido a comer y los marineros han tomado el barco y fue editado por Anagrama. Está ilustrado por Robert Crumb, del cual compartimos también aquí un dibujo. Aquí va una entrada de ese diario en el que el viejo Charles hablando de música, cine y fundamentalmente, de escritura. Con este posts comenzamos una serie que tienen como protagonistas a Diarios personales, de los que en El Bazar somos fanáticos.

27/02/93 12.56 h
El capitán ha salido a comer y los marineros han tomado el barco.
¡Por qué hay tan poca gente interesante? De entre todos los millones, ¿por qué no hay unos cuantos? ¿Tenemos que continuar viviendo con esta monótona y pesada especie? Parece como si su único acto posible fuera la Violencia. Eso se les da muy bien. Les hace florecer de verdad. Flores de mierda, apestando nuestras posibilidades. El problema es que tengo que seguir interactuando con ellos. Es decir, si quiero que las luces se enciendan, si quiero que me reparen este ordenador, si quiero tirar de la cadena, comprar un neumático nuevo, sacarme un diento o que me abran las tripas, tengo que seguir interactuando. Tengo que contar con esos jodidos para las pequeñas necesidades, por mucho que ellos mismos me horroricen. decir que horrorizan es ser amable.
Pero me machacan la conciencia con su fracaso en las áreas más elementales. Por ejemplo, todos los días, cuando voy al hipódromo en el coche, no hago más que sintonizar diferentes emisoras en la radio, buscando música, música decente. Pero todo lo que suena es malo, plano; no tiene vida, ni melodía, ni fuerza. Y sin embargo, algunas de esas composiciones se venden a millones, y sus creadores se consideran verdaderos Artistas. Es horrible, una horrible aguachirle que entra en las mentes de cabeza jóvenes. Les gusta. Dios mío, les das mierda y se la comen. ¿No tienen discernimiento? ¿No tienen oídos? ¿No perciben la adulteración la ranciedad?.
No me puedo creer que no haya nada. No hago más que apretar el botón, en busca de nuevas emisoras. Hace menos de un año que tengo el coche, y el botón de la radio tiene la pintura negra completamente desgastada. Se ha quedado blanco, marfileño, mirándome.
Bueno, sí, está la música clásica. Al final, siempre tengo que volver a ella. Pero sé que siempre la tendré. La escucho durante 3 o 4 horas todas las noches. Aun así, sigo buscando otro tipo de música. Pero no la hay. Debería haberla. Me preocupa. Se nos ha escamotado toda un área de nuestra existencia. Pensad en toda la gente que nunca ha escuchado música decente. No me sorprende que se les caiga la cara a pedazos, que se maten unos a otros sin pensarlo siquiera, que no tengan corazón.
Bueno, ¿y qué puedo hacer? Nada.
Las películas son igual de malas. Escucho o leo a los críticos. Una gran película, te dicen. Y voy a ver la mencionada película. Y me quedo allí sentado sintiéndome un maldito imbécil, sintiendo que me han robado, engañado. Y sé lo que va a pasar en cada escena antes de que ocurra. Y las previsibles motivaciones de los personajes, lo que les impulsa a actuar, lo que buscan, lo que consideran importante, es tan juvenil y patético, tan burdo y aburrido. Las escenas de amor son mortificantes, anticuadas, papilla preciosista.
Creo que la mayoría de la gente ve demasiadas películas. Y los críticos, desde luego. Cuando dicen que una película es muy buena, quieren decir que lo es en relación con las demás películas que han visto. Han perdido la perspectiva. Cada vez los golpean más y más películas. Ya no disciernen, se han perdido en la maraña. Han olvidado lo que realmente apesta, que es casi todo lo que ven.
Y en cuanto a la televisión, mejor ni hablar de ella.
Y como escritor... ¿lo soy? Ah, bueno. Como escritor tengo problemas para leer las cosas que escriben los demás. No me dicen nada. Para empezar, no saben cómo poner una línea, un párrafo, en la página. No tienes más que mirar el texto impreso, de lejos, y ya te parece aburrido. Y cuando te acercas y lo lees, es peor que aburrido. No tiene ritmo. No tiene sorpresa, ni frescura. No tiene riesgo, ni fuego, ni jugo. ¿Qué es lo que están haciendo? Parece un trabajo duro. No me sorprende que la mayoría de los escritores afirmen que les resulta doloroso escribir. Eso lo puedo comprender.
A veces, cuando mi propia escritura no ha rugido, he intentado otras cosas. He rociado de vino las páginas, les he arrimado una cerilla para agujerearlas con la llama "¿Qué estás HACIENDO ahí dentro? ¡Huele a humo!" "No, tranquila, nena, no pasa nada..."
Una vez se prendió fuego la papelera y la saqué corriendo al balcón y le eché cerveza por encima.
Para mi propia escritura, me gusta ver los combates de boxeo, ver cómo se usa la izquierda, el derechazo, el gancho izquierdo, el uppercut, el revés. Me gusta ver cómo se enzarzan, como se separan de la lona. Hay algo ahí que aprender, algo que aplicar al arte de la escritura, a la manera de escribir. Tienes una sola oportunidad y se acabó. Sólo quedan páginas, así que más te vale que echen humo.
La música clásica, los puros, el ordenador, hacen que la escritura baile, grite, ría. Esta pesadilla de vida ayuda también.
Todos los días, cuando entro en el hipódromo, sé que estoy reduciendo a mierda mis horas. Pero me queda la noche. ¿Qué hacen los demás escritores? ¿Mirarse al espejo y examinarse los lóbulos de las orejas? Y luego escribir sobre ellos. O sobre sus madres. O sobre cómo Salvar al Mundo. Bueno, lo pueden salvar por mí, pero no escribiendo esas cosas aburridas. Esa aguachirle floja y desbravada. ¡Basta! ¡Basta! ¡Basta! Necesito algo que leer. ¿No hay nada que leer? Creo que no. Si lo encontráis, avisadme. No, mejor que no. Ya lo sé: vosotros lo habéis escrito. Olvidémoslo. Que os den morcilla.
Recuerdo una larga e iracunda carta que recibí un día de un hombre que me decía que no tenía derecho a decir que no me gustaba Shakespeare. Demasiados jóvenes me creerían y no se molestarían en leer a Shakespeare. No tenía derecho a adoptar esa postura. Seguía y seguía con ese rollo. No le contesté. Pero lo haré aquí.
Que ten por el culo, compañero ¡Y tampoco me gusta Tolstoi!.

18.1.12

8 reglas 8 para escribir un cuento por Kurt Vonnegut


1- Usa el tiempo, no lo pierdas.

2- Dale al lector al menos un personaje por el que pueda tomar partido.

3- Todos los personajes deben querer algo, aunque sea sólo un vaso de agua.

4- Cada frase debe hacer una de estas dos cosas: revelar algo del personaje o hacer avanzar la acción.

5- Empieza tan cerca del final como sea posible.

6- Sé sádico. No importa cuán dulces e inocentes sean tus personajes principales, haz que les sucedan cosas atroces, para que el lector pueda ver de qué están hechos.

7- Escribe para agradarle a una sola persona. Si abres una ventana y quieres enamorar a todo el mundo tu cuento se enfermará de neumonía.

8- Dale a tus lectores toda la información que sea posible tan pronto como sea posible. Al diablo con el suspenso. Los lectores deberían tener una comprensión tan completa de lo que está pasando, dónde y por qué, que si las cucarachas se comieran las últimas páginas, ellos mismos podrían terminar el cuento.

Y recuerda que las reglas están hechas para romperlas.

21.6.11

Escribir a mano




"Escribir a mano es como andar a pie. Tiene un encanto limpio y saludable" afirma el escritor Hector Abad Faciolince en una nota reciente. Para luego confesar que escribe primero a mano "y con letra pegada" en libretas para luego pasar en la computadora.
Pero en estos ejercicios aerobicos no está tan solo el colombiano, muchos de sus colegas argentinos también eligen la caminata antes que moverse en máquinas, por lo menos como una forma de primer contacto con las ideas. Ahí está por ejemplo Abelardo Castillo, autor de El que tiene sed entre otros libros, que tiene por costumbre escribir por las noches en cuadernos cuadriculados confeccionados él mismo usando un lápiz (odia los bolígrafos), sobre su escritorio y rodeado de cientos de libros.U na vez que terminó su caminata y cree que el texto está avanzado, lo pasa a la computadora. Sin embargo Castillo bien podría postular a maratonista porque confiesa haber escrito hasta 18 horas seguidas cuando la inspiración lo devora.
Y los ejemplos siguen: Leopoldo Brizuela produce las primeras versiones de sus relatos a mano en desorden utilizando cuadernos y papeles sueltos acumulandolos en su escritorio. Solo cuando el texto ya tiene un esqueleto, lo pasa a la computadora. También Pablo De Santis prefiere trabajar en cuadernos escolares Laprida, Rivadavia o Gloria haciendo primeras versiones de sus trabajos y luego llegar al teclado. Otros escritores como Alan Pauls es sumamente exigente en los instrumentos que usa para tomar las notas, solo lapiceras fuente y no boligrafos, tal como cada uno elige su mejor calzado para caminar.
Estos son solo algunos ejemplos de las formas de trabajo de escritores que eligen la escritura a mano como una forma de relación temprana con sus textos, escribir cuadernos de notas, libretas, papeles sueltos son el equipo para luego pasar a otras herramientas.
En esta época de sobreabundancia de herramientas los periodistas han abandonado el cuaderno de notas por otras herramientas, pero quizás esto no sea del todo bueno. "El medio con el cual escribimos no es neutral. Al escribir a mano, me doy cuenta de que mi imaginación, que es tan escasa, se libera un poco." dice el periodista chileno Pablo Rámirez en una reflexión obligada por el desperfecto de su pc. Si la escritura en computadora da la impresión de agilidad y movilidad para Rámirez esto "Es la paradoja de la abundancia y la comodidad: mientras mayores son las potencialidades y recursos que ofrece el medio, mayor es la pereza y la trivialidad de los resultados. "Copiar" y "pegar" son palabras que le han hecho bastante daño al periodismo, y no menos a la literatura y al pensamiento".
Un anónimo comentarista al pie de su nota le aconseja escribir con martillo y cincel para recuperar la imaginación, la humorada está muy bien, pero es la representación del peso de los instrumentos en la creación. Que se entienda, estamos en una era de la información, si se me permite la obviedad, pero no imagino una biblioteca llena de borradores y notas en notebooks o celulares donde ir a buscar alguna idea, o dejar de legado a la humanidad como si ocurre con numerosos archivos personales que escritores han donado a algunas instituciones.
Además y aunque esté por combrobarse ya son muchos los psicólogos e investigadores que tratan de relacionar escritura con procesos cognitivos, destacando las ventajas de enseñar caligrafía e instalar el hábito de escribir a mano en los niños.
Por mi parte el habito puede confundirse con grafomanía, conservo infinidad de cuadernos, libretas y agendas que tienen proyectos, ideas, sueños, palabras sueltas o pequeños ejercicios de escritura. Por supuesto que solo tienen valor para mí y no dejo de imaginar que irán a la basura una vez que yo no esté como un destino inevitable, pero aún así para los que me preguntan por qué lo hago la respuesta es siempre la misma: escribir es un acto terapeutico, como caminar.

21.3.11

Decalogo para escribir claro


Via 233grados.com me cruzo con un texto de Jordi Perez que dá un buen catálogo para escribir claro.

1.“Escribes para que te lean”. Jordi Pérez dice que lo más importante de un texto de no ficción es que se entienda. “Cuando más claros seamos, más ganas tendrá el lector de leer hasta el final”, explica.

2.“Antes de escribir, piensa…”. Según el autor, antes de lanzarse a escribir conviene preparar un esquema. Así tendremos las cosas claras en la cabeza, porque nunca es fácil ponerlas por escrito.

3.“… pero escribe sin pensar”. Pérez dice que “una vez sabes lo que quieres decir, lo mejor es expresarse de la manera más natural posible”. Cree que buscar un estilo personal o copiar a otros complica la lectura. “Cuanto menos pensemos lo que queremos, mejor”, concluye.

4.“Siempre hay problemas que sobran, el problema es saber cuáles”. En un texto de 500 palabras siempre hay entre 50 y 100 palabras que sobran, según Jordi Pérez.

5.“El adjetivo, la muletilla y el sabio son los enemigos”. Estos son para Jordi Pérez tres ejemplos de cosas que casi siempre sobran en un texto. “El sujeto y el verbo son lo que aportan información. Como puede ser un poco duro, el adjetivo le pone un poco de salsa”. Explica que las muletillas sirven para ayudar a elaborar un discurso oral, pero deben desaparecer cuando escribimos. Y añade que las citas cultas a sabios deben usarse con cuentagotas porque pierden fuerza cuando se abusa de ellas, igual que los adjetivos.

6.“Las sílabas también cuentan”. Pérez dice que hay veces que usamos palabras demasiado largas: “asistencia” en lugar de “ayuda”, “problemática” en vez de “problema” o “visionar” en lugar de “ver”, que alargan el texto “de forma ridícula”.

7.“La palabra precisa es la más difícil”. Explica Jordi Pérez que por encima de las sílabas o la longitud de las frases, lo más complicado es encontrar lo que queremos decir exactamente porque al escribir “tiene que entenderse con la primera lectura, sin que tú puedas ayudar al lector”.

8.“Si hay que decir algo, lo mejor es decirlo”. El periodista deja claro que no hay que dar rodeos. “Hay que evitar las pasivas y las negativas innecesarias” dice, y pone ejemplos como “la reunión ha sido convocada a las 7” o “no dudo que Juan no vendrá”.

9.“Mira qué has escrito”. Tras pensar lo que se quería decir y después de escribirlo, hay que buscar la forma de mejorarlo.

10.“Ahora, repítelo”. Jordi Pérez termina diciendo que no hay mejor manera de escribir claro que intentarlo y practicar.

30.1.11

Las ventajas de escribir a mano



"Escribir a mano es como andar a pie. Tiene un encanto limpio y saludable" afirma el escritor Hector Abad Faciolince en una nota reciente. Para luego confesar que escribe primero a mano "y con letra pegada" en libretas para luego pasar en la computadora.
Pero en estos ejercicios aerobicos no está tan solo el colombiano, muchos de sus colegas argentinos también eligen la caminata antes que moverse en máquinas, por lo menos como una forma de primer contacto con las ideas. Ahí está por ejemplo Abelardo Castillo, autor de El que tiene sed entre otros libros, que tiene por costumbre escribir por las noches en cuadernos cuadriculados confeccionados él mismo usando un lápiz (odia los bolígrafos), sobre su escritorio y rodeado de cientos de libros.U na vez que terminó su caminata y cree que el texto está avanzado, lo pasa a la computadora. Sin embargo Castillo bien podría postular a maratonista porque confiesa haber escrito hasta 18 horas seguidas cuando la inspiración lo devora.
Y los ejemplos siguen: Leopoldo Brizuela produce las primeras versiones de sus relatos a mano en desorden utilizando cuadernos y papeles sueltos acumulandolos en su escritorio. Solo cuando el texto ya tiene un esqueleto, lo pasa a la computadora. También Pablo De Santis prefiere trabajar en cuadernos escolares Laprida, Rivadavia o Gloria haciendo primeras versiones de sus trabajos y luego llegar al teclado. Otros escritores como Alan Pauls es sumamente exigente en los instrumentos que usa para tomar las notas, solo lapiceras fuente y no boligrafos, tal como cada uno elige su mejor calzado para caminar.
Estos son solo algunos ejemplos de las formas de trabajo de escritores que eligen la escritura a mano como una forma de relación temprana con sus textos, escribir cuadernos de notas, libretas, papeles sueltos son el equipo para luego pasar a otras herramientas.
En esta época de sobreabundancia de herramientas los periodistas han abandonado el cuaderno de notas por otras herramientas, pero quizás esto no sea del todo bueno. "El medio con el cual escribimos no es neutral. Al escribir a mano, me doy cuenta de que mi imaginación, que es tan escasa, se libera un poco." dice el periodista chileno Pablo Rámirez en una reflexión obligada por el desperfecto de su pc. Si la escritura en computadora da la impresión de agilidad y movilidad para Rámirez esto "Es la paradoja de la abundancia y la comodidad: mientras mayores son las potencialidades y recursos que ofrece el medio, mayor es la pereza y la trivialidad de los resultados. "Copiar" y "pegar" son palabras que le han hecho bastante daño al periodismo, y no menos a la literatura y al pensamiento".
Un anónimo comentarista al pie de su nota le aconseja escribir con martillo y cincel para recuperar la imaginación, la humorada está muy bien, pero es la representación del peso de los instrumentos en la creación. Que se entienda, estamos en una era de la información, si se me permite la obviedad, pero no imagino una biblioteca llena de borradores y notas en notebooks o celulares donde ir a buscar alguna idea, o dejar de legado a la humanidad como si ocurre con numerosos archivos personales que escritores han donado a algunas instituciones.
Además y aunque esté por combrobarse ya son muchos los psicólogos e investigadores que tratan de relacionar escritura con procesos cognitivos, destacando las ventajas de enseñar caligrafía e instalar el hábito de escribir a mano en los niños.
Por mi parte el habito puede confundirse con grafomanía, conservo infinidad de cuadernos, libretas y agendas que tienen proyectos, ideas, sueños, palabras sueltas o pequeños ejercicios de escritura. Por supuesto que solo tienen valor para mí y no dejo de imaginar que irán a la basura una vez que yo no esté como un destino inevitable, pero aún así para los que me preguntan por qué lo hago la respuesta es siempre la misma: escribir es un acto terapeutico, como caminar.